Transporte y comercio internacional
Kalouptsidi demostró que pese a la ubicuidad del transporte marítimo y a sus cinco mil años de historia, las posibilidades de investigación que ofrece el sector están lejos de agotarse. Según dice, sigue siendo poco lo que se sabe sobre la interacción entre los mercados de transporte y el mercado mundial de bienes comerciables.
Para examinar esa cuestión, Kalouptsidi aunó esfuerzos con Papageorgiou y con Giulia Brancaccio, una amiga y compañera de investigación que conoció durante su temporada en la Universidad de Princeton. Juntos recopilaron un conjunto de datos de seguimiento de 5.398 buques entre 2012 y 2016 que incluyó datos sobre precios y rutas extraídos de 12.007 contratos de transporte marítimo. Esto les permitió generar un modelo de las interacciones entre los mercados de transporte y el comercio mundial de mercancías, incluido el proceso de asignación de cargas a buques.
El artículo resultante marcó un hito al formular un modelo del mercado de transporte que demuestra cómo los costos de transporte determinan el comercio mundial.
La Sociedad Econométrica publicó el artículo en su boletín y en 2022 lo galardonó con la Medalla Frisch, un premio que se otorga de manera bienal, en reconocimiento del trabajo como un “ejemplo sobresaliente del uso de la teoría y los datos para analizar un nuevo mecanismo y examinar sus implicaciones de equilibrio general para la economía en su conjunto”.
Los datos y el modelo permitieron llevar a cabo experimentos, entre otras cosas sobre los efectos que se producen cuando los buques atienden rutas en las que la demanda es unidireccional, como sucede en el caso de los grandes países exportadores. El estudio estableció una relación entre las asimetrías en los costos de transporte y los desequilibrios comerciales bilaterales. También concluyó que las embarcaciones viajan vacías casi la mitad del tiempo.
El modelo también les permitió simular los efectos de una desaceleración económica en China. Un menor volumen de importaciones se traduciría en una reducción del número de buques que llegan al país, lo que perjudicaría las exportaciones de China. El estudio también puede ayudar a las autoridades a entender el impacto de las principales vías de navegación. Por ejemplo, cerrar el Canal de Suez reduciría el comercio mundial un 3,5%, en tanto que en Oriente Medio la caída sería de un 25% y los indicadores de bienestar se desplomarían.
“Las conclusiones de este trabajo son específicas y sumamente pertinentes para la formulación de políticas”, señaló Brancaccio, profesora adjunta de la Universidad de Nueva York. Según dijo, Kalouptsidi no le tiene miedo a la experimentación ni a estar equivocada. “Es una científica seria”, señaló. “Quiere aprender de todos”.
Mientras que los aspectos económicos de la organización industrial a menudo se centran en una única y principal solución de compromiso, en esta investigación se buscó generar un modelo de equilibrio general con muchas más variables, lo que dificultó la definición de los mecanismos más importantes. “Fueron años de refinar el modelo y someterlo a revisiones”, aclaró Kalouptsidi. “Y los resultados fueron realmente sorprendentes”.
Política industrial
A principios del siglo XX, el Reino Unido dominaba la industria mundial de construcción naval. En los primeros años de la posguerra, Europa pasó a ocupar la delantera, y luego Japón. Para fines de siglo, Corea producía la mayor proporción de buques comerciales.
China era apenas un actor insignificante en 2002, cuando se trazó el objetivo de transformarse en el mayor constructor naval del mundo para 2015. Lo logró subvencionando los astilleros y concediendo préstamos generosos y otras ayudas.
Kalouptsidi se propuso entender cómo estas políticas afectaban la industria interna del país y a su vez el mercado mundial. Pero los subsidios son complicados y en general poco transparentes.
Kalouptsidi generó un modelo para detectar subsidios observando las divergencias entre los datos y las predicciones lógicas de la teoría económica tradicional. Llevó adelante su investigación con la cooperación de Panle Jia Barwick, que actualmente integra la Universidad de Wisconsin–Madison, y de Nahim Bin Zahur, de la Universidad de Queens en Ontario, y demostró que las medidas de apoyo de China provocaban un desplazamiento de la producción mundial de buques que iba en menoscabo de la cuota de mercado de Japón.
El proyecto llevó más de una década y exigió integrar conocimientos detallados sobre el sector con un marco estructural que permitiera entender la política industrial de China, contó Barwick. Atribuye a Kalouptsidi el mérito de “conjugar una profunda intuición económica con una rigurosa creatividad metodológica”.
Su trabajo permitió demostrar que los subsidios apuntalaban a numerosos astilleros poco competitivos, que inflaban los precios, que relegaban a productores más eficientes y que obligaban a los gobiernos a pagar elevadas sumas por ambiciones industriales poco eficaces.
La investigación también permitió constatar que las políticas atraían a productores ineficientes y contribuían a un exceso de capacidad. Los productores nacionales lograron solo aumentos modestos de las utilidades, y sus rendimientos a largo plazo equivalieron a apenas un 18% del total de los subsidios, según señalan los autores.
“El trabajo de Myrto sobre los subsidios a los astilleros de China se cuenta entre los mejores de la nueva generación de investigaciones sobre políticas industriales, y lo llevó a cabo antes de que esas políticas se transformaran en un tema corriente de investigación”, señaló Dani Rodrik, profesor de Economía Política Internacional en la Escuela de Administración Pública de la Universidad de Harvard. “Constituye un marco de referencia por la minuciosidad con que combina la teoría y los datos empíricos”.
Más recientemente, Kalouptsidi trabajó con Brancaccio y Papageorgiou para determinar cuál es la mejor manera de invertir en infraestructura portuaria examinando los principales puertos de Estados Unidos. Una conclusión sorprendente desde el punto de vista de la política pública es que los puertos de una región operan como una red: invertir en un puerto puede reducir la congestión en otros, ya que permite que un mayor número de buques carguen mercancías de manera más eficiente y vuelvan a zarpar. Eso implica coordinar las inversiones de capital y definir con precisión a dónde se destinarán.
Preguntas sagaces
Laurent Daniel, jefe de la unidad de astilleros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, señala que Kalouptsidi ha tenido una gran influencia en la manera en que los economistas y las autoridades entienden la dinámica industrial en sectores de alcance mundial, en particular en las industrias de los astilleros y de transporte marítimo. También señaló que “ha puesto al alcance de las autoridades un marco mucho más claro para evaluar la manera en que los subsidios y el aumento de la capacidad pueden reconfigurar la competitividad y los patrones de comercio mundiales”.
En Harvard, los alumnos de Kalouptsidi la ven como una persona paciente a la hora de resolver problemas. “Tiene una habilidad inigualable de ayudarte cuando estás bloqueado, aclarando mecanismos, delimitando con precisión las preguntas de investigación y alentándote a no renunciar a ideas ambiciosas”, dice Constanza Abuin, una de sus exalumnas que se sumará a la Universidad Johns Hopkins como profesora adjunta.
Kalouptsidi plantea preguntas sagaces en vez de dar respuestas directas, dice Yixin Zhou, quien actualmente cursa un doctorado en la Universidad de Harvard.
La siguiente prioridad para Kalouptsidi es regresar a lo que despertó su interés hace casi dos décadas: el transporte de contenedores. La introducción del uso de contenedores hace más de medio siglo revolucionó el comercio al disminuir los costos, aumentar la eficiencia y posibilitar la globalización. Gran parte de la labor de Kalouptsidi se ha centrado en los buques graneleros, que en su opinión se asemejan a los taxis ya que navegan a demanda entre un punto y otro. La propiedad de estos buques se encuentra descentralizada. Por otro lado, la propiedad de los buques de contenedores se concentra en un puñado de empresas, y estos se asemejan a los autobuses, ya que siguen rutas fijas. El precio del transporte en contenedores es más difícil de obtener, ya que a menudo se acuerda entre privados.
Cuando Kalouptsidi comenzó a incursionar en el mundo de los buques de contenedores como estudiante de doctorado, intentó encontrar datos sobre el tema, pero nunca lo logró. Este próximo paso en su nueva investigación —que está llevando adelante con la colaboración de Brancaccio, Papageorgiou, y Nicola Rosaia, de la Escuela de Negocios de Columbia— resulta posible porque ahora hay más datos disponibles.
El seguimiento de los nombres, las ubicaciones y otros parámetros de los buques mediante el sistema de identificación automática ahora es más completo y los investigadores disponen de muestras de algunas tarifas y rutas específicas de transporte de contenedores.
A nivel más amplio, Kalouptsidi ha demostrado que los shocks en una industria repercuten en economías enteras. A lo largo de la historia, es posible que nadie haya dudado de la fiabilidad del comercio marítimo, pero en los últimos años ha quedado claro cuán graves son las consecuencias cuando el comercio se ve obstaculizado, en particular en lo referido a la inflación.
“El aumento del comercio, de la producción justo a tiempo y del número de empresas que se abastecen desde lugares cada vez más remotos ha sido notable, pero esto solo será posible si la industria del transporte marítimo funciona sin contratiempos”, señala Kalouptsidi. “En pocas palabras, el transporte marítimo es la columna vertebral de la economía. Si queremos comerciar, necesitamos buques”.